DECIR DESDE OTRO DECIR SOBRE LA INDIFERENCIA

 DECIR DESDE EL SER USUARIA Y SOBREVIVIENTE DE LA PSIQUIATRÍA

Escribo en consonancia con las palabras de un compañero y sé positivamente que mis palabras no están dirigidas a aquellos que viven en paz y armonía por sus haceres, pensares y sentires, vivos o muertos.

Sí, a diferencia de él, soy usuaria, sí soy sobreviviente de la psiquiatría y sí puedo dar cuenta de la muerte psíquica a la que lleva la privación de la libertad y la medicación forzada que son formas  de desaparición de la propia vida inducida por el supuesto tratamiento de una supuesta enfermedad irreversible.

No voy a negar el padecimiento psíquico, sí denuncio que aún no se sabe qué hacer con él y a las pruebas me remito, solo la violencia y la fuerza institucional aparecen como remedio y la violencia y la fuerza de las corporaciones que se dicen en lucha también sostienen el destrato.

No hay distinción de profesiones: en el manicomio todos son cómplices de violación de Derechos Humanos, todos son cómplices de esa forma silenciada de exterminio.  Y cuando digo todos incluyo al cocinero y al personal de limpieza y al de seguridad, al enfermero y al camillero, en síntesis: a todos, absolutamente a todos.

Quiénes sino los que hemos vivido la privación de la libertad, podemos decir sobre las reales condiciones de existencia en los manicomios públicos y privados.

Todo aquel que denuncia violencia es tratado de violento porque describir la vida bajo la violencia manicomial es ya violentarse a sí mismo.  Violenta romper la barrera del silencio impuesto detrás de discursos que contrario a lo que pretenden ser son parte de un coro que sostiene un status quo porque no dejan de ser luchas corporativas y por supuestas violaciones de derechos de trabajadores cómplices de violación de Derechos Humanos que no merecen mi respeto ni de aquellos que sobrevivimos de verdad y pudimos generar un pensamiento crítico acerca del entrecruzamiento de intereses y pensamientos anacrónicos que se conjugan en torno a las tan mentadas y poco conocidas -de verdad, en carne propia-  lógicas manicomiales.

Algo del orden de lo intolerable opera cuando se hace esta denuncia y no en quien denuncia sino en los denunciados que tienen un arma que una vez más, enferman para defenderse : acusan de agresivos a los denunciantes ciertos.  No es cualquier palabra la palabra agresivo en boca de profesionales de la salud mental para calificar a un sobreviviente de la psiquiatría sea psiquiatra o psicólogo porque está usando una nosología psiquiátrica.

Digo denunciantes ciertos porque existen -como en todos los campos- oprimidos que gozan con el reconocimiento del opresor.  Síndrome de Estocolmo del que padece este país.  Así, en este campo tan particular que componemos los usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría hay personas que se comportan como verdaderos bufones de la corte y gozan de un reconocimiento porque no tienen un discurso contra-hegemónico sino un discurso funcional que es recibido con condescendencia irrespetuosa de parte de los “buenos profesionales de la salud mental militantes por los derechos humanos de los usuarios”.

Reconocimiento de aquellos que nada hicieron cuando cayeron en la noche del padecimiento ni cuando estaban privados de la libertad, en agonía psíquica y que, cuando con un acto terapéutico-burocrático, les otorgaron el derecho a una vida acotada… (perdidos ellos en ese trance indecible que es  el pasaje de la locura y la tortura del encierro para volver a la sociedad) no se saben a ciencia cierta sujetos de derechos sino que agradecen a sus mismos opresores que les hayan devuelto un cacho de vida mal concebida.

Nadie quiere escuchar y es la indiferencia naturalizada lo que prima en el discurso corporativo burocrático de personas grises que se comportan como aves de rapiña haciendo de  esas personas condenadas a la muerte en vida con el encierro y la medicación forzada un pequeño punto de apoyo para sus palabras vacuas en la supuesta “lucha común”.

No existe esa lucha común.

Tuve por compañeras de internación más de un vez profesionales de la salud mental… Ayyy de ellas/os…  Ay de ellas/os que –recuperados- se niegan a hablar como pares de sus pares usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría. Sus pares “profesionales” giraron siempre la cabeza para otro lado y hasta diría que fueron tratadas con saña.  Ergo, por su necesidad de pertenecer, responden a ese status y no reconocen aliados en otras víctimas iguales de la violencia manicomial.

Si el destrato a un par es encarnizado, cuánto más destrato a todos los que no lo son.

El destrato naturalizado y encubierto por discursos maníqueos de todo el arco de actores implicados en manicomios públicos y privados no se cambia a partir de la sanción de una ley ni se cambia repitiendo hasta el hartazgo que hay otra ley que no se cumple ni adjudicándose autorías de palabras robadas para hacer de todo palabra muerta y palabra zumbona de burócratas  muertos en vida con sus repetidas plegarias acusatorias negando el sayo que les toca en eso que suponen denunciar.  Mas aún: no conociendo y desconociendo y negando y renegando  un tratado específico de derechos humanos, la CDPD.

No denuncian nada.

Puerto de piratas en sus orígenes esta ciudad que impuso sus mezquinos intereses al momento de crear una nación, está habitada por todo tipo de mafias y corporaciones que siempre tienen un guiño disimulado, se vician con las mismas prácticas, aspiran al prestigio personal ignorando por completo y muy de verdad, con absoluta indiferencia por la enorme cantidad de personas que en nuestro país están privadas de la libertad por padecimiento psíquico.  Son como una mancha de grasa que extiende sus mañas por todo el país.

Siempre avizoran enemigos y distraen la lucha del verdadero objetivo.

¿Somos nosotros, usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría  el verdadero objetivo de las luchas de estas personas grises?

Decididamente la respuesta es no. Nosotros con nuestros cuerpos y nuestra subjetividad somos nada más y nada menos lo que les da de comer y a ellos les permite sostener un circo irrespetuoso donde cada uno se luce con su macabro hacer.

Es necesario reducir a la mínima expresión lo que significa ser fuente de trabajo de un inmenso número de personas de todos los niveles sociales y mostrarlos en su verdadera dimensión, para visibilizar nuestro verdadero lugar en todo ese tejido.

Hay un devenir animal en todo este complejo entramado que se teje a partir de la emergencia en un cuerpo de eso que la sociedad llama locura y los profesionales especializados en dar respuestas a los poderes imperantes llamaron y llaman enfermedad mental.

Son aves de rapiña…

Y son perros que se huelen la cola en busca de la carta al dios pidiendo por sus intereses.

Son perros de hortelanos (ni siquiera hortelanos) que no permiten que en el cuidado de los intereses de su amo tome cuerpo la palabra de la víctima hambrienta de ternura y amor que los interpele en toda la magnitud de su enorme ignorancia.

Ay de nosotros!!!  –usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría- si confiamos muestro futuro en las manos apócrifas de quienes dicen desvelarse por nuestros derechos.

También, al menos para mí, hay algo del orden de lo intolerable ante las locuras socialmente aceptadas como lo es el ser cómplice de sostener discursos contrarios a mi propia salud y marco de derechos -y los de otros usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría- porque termino sintiéndome cómplice.

He llegado a la conclusión que la indiferencia por nosotros los usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría es absoluta.

Que seguir participando de espacios que convocan en nombre de lo que pienso y donde sus miembros hacen lo contrario de luchar a  favor de nuestros derechos es un acto vejatorio a mi subjetividad dolida y hacia todos aquellos que de algún modo siento que represento -no por elegida- sino por par.

Represento a los que no tienen ninguna voz porque están perdidos en la muerte psíquica que impone la privación de la libertad y la medicación forzada más ser hambreados de comida para el cuerpo, de afectos para el alma y el corazón y desconocidas otras dolencias de sus físicos que terminan haciendo efectiva la muerte desapareciendo  -ahora siempre por muerte dudosa-.

Como estuve perdida… y he vuelto para encontrarme, no sólo no quiero volver a perderme sino que deseo contar a quien quiera oír que ustedes, mis compañerxs de todos los encierros manicomiales, aunque no lo parezca, pueden volver a la vida como lo hice yo.

No los represento porque depositaron en mí ese mandato sino que asumo el mandato que conocer me impone.

No está en mí hacer ejercicio de la indiferencia pero no puedo con mi palabra -en nombre de no abandonar la lucha ni bajar las armas- sostener un lugar que de lucha por nosotros usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría nada tiene.

Eso es lo que no hace esa masa gris acrítica que nos nombra en sus discursos con fines espurios a nuestros verdaderos y Humanos Derechos.

No es sin dolor reconocer al que nos traiciona: nos traicionan por unas monedas para comer y sostenerse en un como sí cuasi delirante quienes  fueron  depositarios de nuestro afecto y nuestra confianza: profesionales en los que depositamos nada menos ni nada más que nuestra subjetividad, es decir, nuestra vida misma.

Hay lugares a los que no se puede volver tras haber sobrevivido al manicomio.

Solamente cuando se regresa de la desmesura del sufrimiento que lleva a la locura se comprende cabalmente la necesidad de ser sincero ante lo que se siente: y estas palabras están guiadas por el dolor por todos los compañeros y compañeras privadas de la libertad y por todxs los que lo estarán, sin solución real a su verdadero padecimiento: la indiferencia del mundo.

Indiferencia que se escuda detrás de palabras como incumbencias: hay que saber y hay que reconocer que no se sabe ni se quiere saber la responsabilidad que cada uno de ustedes “trabajadores en los ámbito de la salud mental públicos y privados” tienen en la muertes en vida de personas de todas las edades que son sometidas a la peor de las violencias: la renegación de lo instituido que sostienen con su incalificable inoperancia y desprecio por los otros.

Sostienen lo instituido y son  incapaces de generar una masa crítica a partir de acciones instituyentes basada en micro políticas.

Tan enamorados del poder y del poder del estado están que refuerzan mi postura de no celebrar la locura, porque la locura siempre es sufrimiento y algunas veces el sufrimiento permitió una  voz discordante que denunció lo silenciado.

Hoy la locura como sinrazón de humanidad pasó a ser la forma de dominación más siniestra que ha imperado en la historia sostenida por toda la sociedad que vive en la burbuja del individualismo corporativo que siguió al sueño del progreso.

Escuché recientemente decir que la LNSM defiende los derechos de los trabajadores y de los usuarios: esos dos actores no están en plano de igualdad en la LNSM.  Ese gesto de barbarie fue tan civilizado que no mereció una exclamación horrorizada y eso aleja a cualquiera que respete su dolor de existir.

La LNSM tiene como fin garantizar el respeto de los derechos que menciona para los usuarios así como la LNSM viola DD.HH de los usuarios.

Si en la LNSM y su decreto reglamentario se nombra a los trabajadores de la salud mental es efecto de las diferentes corporaciones que trabajaron en su redacción y es precisamente por eso, por las corporaciones profesionales que trabajaron en su letra que incurre en violación de Derechos Humanos, y ante la denuncia de este hecho, los argumentos justificativos son la tutela naturalizada que desconoce los nuevos marcos jurídicos.

Algo muy siniestro queda en evidencia con el correr de los años: la imposibilidad absoluta de pensar formas concretas para el cierre de los manicomios y como eso se puede escuchar en modo larvado en diferentes discursos –discursos supuestamente progresistas para algunos que no tienen claro que el progresismo tiene una pata muy gorda y muy larga metida en el peor conservadurismo- y eso explica que la LNSM apenas sancionada haya comenzado a morir.

Es inmensamente llamativo que haya una supuesta masa crítica emergente de usuarios y sobrevivientes que han padecido la privación de la libertad que dicen no haber padecido violencia institucional.  Eso es producto del sometimiento al que son expuestos en los procesos de externación y “re-socialización”. Eso lleva a algunas personas decirse “beneficiarias” de esos procesos y  a pedir caridad.

No hay beneficiarios acá: hay personas con derechos que no los conocen!!

Los modos larvados de sometimiento se expresan en películas que se permiten usar por nombre un lema que ni la mayoría de las personas con discapacidad psicosocial en nuestro país ha podido descifrar en su verdadero significado  ni acceder a la potencia que encierra en las palabras que ha elegido un colectivo mundial: NADA SOBRE NOSOTROS SIN NOSOTROS.

Nosotros, usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría no estamos en pie de igualdad en la lucha por nuestros derechos con los profesionales de la salud mental porque no hay aún ese reconocimiento en ningún estamento de la sociedad.

Si hubiera un real e incipiente cambio respecto al imaginario sobre nuestros cuerpos y nuestras subjetividades, en el campo de la salud mental debiera haber profesionales que tras la internación psiquiátrica nos reciban en sus consultorios públicos o privados, como lo que somos: somos víctimas.

Reconocernos víctimas es reconocer la existencia de los victimarios y es sabido que entre bueyes no hay cornadas.

Con infinita tristeza, con profundo dolor, estoy viviendo en este momento la agonía de una esperanza vinculada a un cambio, porque supuse la sanción de la LNSM un hito en un largo camino y no un punto de llegada para renovar la lucha estéril.

Una esperanza que necesitaba de todos para ser realidad, una esperanza que se suponía inclusiva del colectivo de personas que padecen adicciones, y eso no fue así básicamente por responsabilidad absoluta de todo el arco de profesionales de la salud mental que ni aprendieron a decir correctamente el nombre de la LNSM.

La gran hipocresía en torno a la drogas de parte de los trabajadores de la salud y de la salud mental, sobre el consumo de sustancias legales e ilegales y los límites poco claros del concepto “consumos abusivos”  deja un vacío que funciona como analizador para observar cómo se vinculan estos actores del campo sanitario en lo subjetivo con el concepto psicoanalítico de Ley.  De allí, podemos pensar en sus graves dificultades para el abordaje de tratamientos adecuado para el trato de las adicciones y fundamentalmente, el vacío que han dejado en el área de prevención convirtiendo la necesidad de tratamiento por adicciones en algo exclusivamente de élite, en este caso una minoría selecta y no rectora porque no adopta una posición activista de los derechos.

También podemos desde este punto, pasar a pensar dónde radican sus obstáculos subjetivos con todo lo relacionado a la LNSM y su artículo 4, por qué han mentido de modo sistemático a los familiares respecto a la regulación de la internación involuntaria y por qué aceptan la orden de no atenderlos en guardias hospitalarias, y sus obstáculos en general con los marcos de derechos, con  los tratados de DD.HH y a la CDPD en especial.

Observar paralelamente, el prestigio ganado por algunos profesionales refiriendo a sí mismos como especialistas en adicciones para repetir la lógica manicomial con otros aspectos rayanos en el sadismo.

Sin embargo, no hay que negar que las personas que padecen adicciones rara vez aceptan ser personas con padecimiento mental… y mucho menos personas con discapacidad psicosocial y es lamentable escuchar a los jóvenes sumidos en la más tremenda pobreza decir de sí mismos cuando se reconocen con un problema de adicciones o son tratados compulsivamente: “que ellos no tienen derecho a nada porque consumieron drogas”.

No puedo evitar advertir a ellos que sería bueno se acerquen a nosotros -usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría- sin temor porque lo que les espera es negro, muy negro y acérquense porque la esperanza viene con la fuerza del pasado, es transformadora en el  presente porque nos proyecta a un futuro, un futuro mejor porque no podrán matar la letra de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad y es nuestra obligación mantener vivo el fuego de su mensaje a la sociedad.

Si todos las personas somos potenciales víctimas de todo tipo de violaciones de derechos en caso de ser privadas de la libertad por un padecimiento mental, (debemos agregar los abusos sexuales) de todo esto tampoco están libres las personas que reconocen padecer un vínculo adictivo con una o más sustancias y piden una internación (voluntaria o involuntaria) con un panorama más desolador para ellos: se los priva de verdaderos tratamientos para hacer de la peor crueldad un modo de trato, cuando no es con la humillación es con la fuerza de la religión, pero ellos viven la mismísima inquisición y muchos familiares  apoyan estas prácticas porque el estigma del adicto se ve complejizado con el imaginario que lo relaciona con lo delictivo, allí todos están en un plano de igualdad en materia de ignorancia.

Deberán comprender que el verdadero motivo de la discapacidad psicosocial son las barreras que impone la sociedad con sus prejuicios, -incluidas las personas con otras discapacidades, quienes replican el imaginario social sobre la locura,  los profesionales de la salud y la salud mental con sus prácticas discapacitantes, (y todo esto dando lugar a la estigmatización).

La discapacidad como efecto de prácticas discapacitantes, de las barreras y mitos  sociales para sostener la indiferencia por lo que se supone diferente viviendo en la burbuja de una supuesta normalidad e igualdad  cada vez más insostenible.

Deberán dejar de lado la hipocresía y lo políticamente correcto.

Deberán pensar -si les interesa-  como es que se ha perdido una ley… como se la ha entregado para su desguace con acciones ineficaces a lo largo de los años desde su sanción y qué provecho  han sacado Ustedes haciendo lo que hicieron y dónde nos dejaron con sus acciones a los usuarios y sobrevivientes de la psiquiatría y a todas las niñas, los niños, las mujeres y los hombres jóvenes y adultos y a las personas mayores privadas de la libertad sin siquiera el recurso previsto por la LNSM de contar con una instancia con derecho a “…ejercer una estricta vigilancia respecto de instituciones que brindan atención psiquiátrica…”

Deberán pensar, revisar, objetivar y subjetivar  donde están parados los profesionales de la Salud Mental que se permiten criticar y no tomar el ejemplo de los profesionales de la Justicia en lo que en materia de legislación en SM a partir de la LNSM y reconocer al menos su complicidad en el atropello a la LNSM silenciando las celdas de aislamiento, la sujeción mecánica y la aplicación de electroshock y ser cómplices de muertes dudosas.

Porque ahora que el OR ha categorizado de ese modo a las muertes acaecidas en privación de la libertad en manicomios no es difícil salir al ruedo para algunos…

Si por cada uno de todos los muertos  en estos casi seis años, sin contar todos los precedentes,  uno de ustedes hubiera elevado la voz, otra sería la realidad. Sin embargo nadie me puede negar lo que he presenciado en el Htal Borda: “que nadie quisiera firmar un acta de defunción y que se maltratara a la familia de la persona muerta”. Respeto el saber popular que dice “para muestra sobra un botón” e imagino esa escena como  pesadilla vivida y vívida repitiéndose cientos de veces a lo largo y a lo ancho del país.

Deberá la sociedad en su conjunto y los profesionales de la salud y la salud mental en especial aprender y aprehender  que  somos sujetos de derecho con plena capacidad jurídica y derecho pleno a vivir en la comunidad y participar políticamente en ella y que es violación de Derechos Humanos privarnos de la libertad por motivo de discapacidad.

 

Lucila López*

C.A.B.A, 15 de Diciembre,

*)  Usuaria y Sobreviviente de la Psiquiatría, Miembro de WNUSP -INWWD ,   Psicóloga Social, Psicodramatista, Operadora comunitaria en prevención de adicciones, Analista Institucional. Fundadora de Proyecto PRISMA.

 

 

 

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Un comentario sobre “DECIR DESDE OTRO DECIR SOBRE LA INDIFERENCIA

  1. Lucila, te hago un par de comentarios sobre este texto:
    me parece que cuando se definen universos cerrados, sea para denostarlos o para conferirles alguna valoración positiva, se está yendo indefectiblemente hacia un mal lugar. Por caso, la profesión psi no te coloca del lado del bien y la verdad -obvio- ni te convierte en agente del mal. Ni progre por portación de título ni victimario por ejercicio profesional, en un mundo real y concreto en donde todos, absolutamente todos – como dijera Engels – hacemos nuestra historia en condiciones que no podemos elegir. Tampoco la condición de víctima garantiza nada que no sea esa misma condición, que a nadie enaltece por sí misma. Sabrás que en una de las últimas elecciones una pequeña encuesta mostró que los votos se repartían entre los internados (creo que era el Borda) en proporciones similares a como resultaron “afuera”. Pues bien: apuesto que las proporciones de seres maravillosos, hipócritas, turros y buena gente deben mantenerse entre profesionales, internados y gente que no participa de una ni otra condición. Plantearse que sólo las víctimas pueden legítimamente sostener esta pelea, es sostener que están indefectiblemente solos y que todos los que no atravesamos esa experienca somos sus enemigos. En mi caso, si caigo en esa volteada, me daré por enterado y no me va a cambiar en nada las cosas por las que peleo. Y eso que lejos estoy de vivir en paz y armonía, ni siquiera conmigo mismo. No hay pureza en este asunto ni en ningún otro. Hay fuerzas que empujan hacia un lado o hacia otro, en condiciones siempre cambiantes. Yo entiendo que se trata de forjar alianzas (que estarán siempre sometidas a la prueba de la realidad, de cómo inciden, ayudan u obstaculizan) y que como tales no son ni pueden ser entre los puros. Sobre todo porque no hay. Y no hablo ni de resignarse a cualquier cosa ni de renunciar a principios: hablo de tratar de incidir en el mundo real, que es el único que importa, porque allí sí están en juego las vidas de todos. De los más vulnerables en primer lugar.
    Fraternalmente
    Mario Woronowski

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